¿Tenemos derecho a protestar?

Siempre que en una reunión con de amigos se discute acerca del elevado valor de la cuotas del Colegio Northlands, es muy común escuchar frases del tipo “si vos querés una educación de elite para tus hijos bancáte pagar lo que te impongan”

Creo que este es un argumento tan desacertado como el que esgrime el gobierno al imponer retenciones casi confiscatorias a los productores de soja “simplemente porque ganan mucha plata”

Soy consciente que si uno pretende en servicio de excelencia (en este caso la mejor educación para nuestros hijos) debe asumir las consecuencias económicas de esta decisión. Sería por lo menos naif pretender que Northlands cueste lo mismo que el promedio de los colegios bilingues.

Ahora bien, creo que un aumento desmedido de una cuota ya elevada, es algo distinto. No pretendo que la cuota del colegio no sufra las presiones inflacionarias y salariales que afectan a todas la actividades económicas, pero un 62% de aumento entre marzo 2007 y abril 2008, está bastante por encima de cualquier parámetro sensato.

Si al hecho meramente económico le sumamos la casi cínica manera de comunicar estos aumentos por parte de las autoridades del colegio, se hace casi imposible permanecer callado y dejarlo pasar.

Mi intención es la de crear un medio a través del cual los padres que sientan la misma necesidad de manifestarse frente a este hecho (y otros que los preocupen puedan hacerlo)

Creo que el hecho de pretender una educación de excelencia para nuestros hijos no nos inhabilita a “protestar”

Más allá del dinero, me preocupan fundamentalmente dos cosas:

En un colegio que sostiene la diversidad como valor fundamental, una cuota de más de $2000 para un primer grado, suena como una contradicción lógica. El universo de padres que pueden afrontar estos valores es cada vez mas pequeño, y en consecuencia será el mundo en el que se eduquen nuestros hijos. Mis padres hicieron un gran esfuerzo para que yo tuviera una buena educación y me gustaría saber que mis hijos comparten sus aulas con familias parecidas a la mía. Celebro el éxito y desarrollo económico del prójimo, pero creo que la “elite de la educación” no deber ser un sinónimo de la “elite económica”

Atentamente,
Un padre procupado

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